Marieta

“Y pensar que fuiste tan pequeñita al nacer y mírate ahora convertida ya en una preciosa mujer.”

Con las palabras de mi madre aún sonando en mi cabeza cerré la puerta y desde fuera la acaricie como queriendo acariciarla a ella, un gesto de despedida inútil, pero que en aquel momento significaba mucho para mí era como si realmente pensase que esa ya no iba a ser más mi casa.

Si mi referencia, si mi refugio, si mi punto de partida, pero ya nunca más mi casa.

Con todo esto en mi maleta, la sensación de abandonarla, las ganas de empezar una vida llena de opciones y posibilidades, la necesidad de hacer algo por mí misma sin su supervisión y aprobación y con el tiempo justo para coger un taxi que me llevara a la estación, baje a prisa las escaleras intentando no tropezar en el escalón que entre el segundo y el tercero tiene suelto un azulejo. Una media sonrisa se dibujó por un momento en mi cara al recordar la cantidad de noches que me había delatado no pudiendo evitar que mi madre supiera la hora a la que había llegado.

Empezaba a entender a los adultos, a los que cada vez me parecía más, me estaba convirtiendo poco a poco en uno de ellos, todavía no sentía todos sus miedos e inquietudes porque estaba aún en esa fase de querer comerme el mundo, pero sí que había empezado a experimentar algunos sentimientos que irremediablemente eran muy adultos. Daba un poco de vértigo pensar que nuestra vida está compuesta de ciclos que hay que ir superando y la necesidad de volar del nido era uno de esos momentos y ya me había llegado.

Todos mis recuerdos de infancia, niñez y  adolescencia, incluida esta primera fase de la edad adulta, tenían como factor común Barcelona, siempre había estado rodeada de espacios y caras familiares y  en muy pocas ocasiones había salido de mi zona de confort. 

Pero aquello ya no era una escapada ni una aventura académica.

Era un contrato. Una beca de investigación con unas condiciones impresionantes.

Una puerta que se abría hacia un lugar donde las decisiones no serían ensayos, sino consecuencias.

Había repetido muchas veces en voz alta el nombre de la empresa, casi como si necesitara acostumbrarme a él. Pfizer. Sonaba grande. Sonaba lejano. Sonaba a responsabilidad.

Me habían elegido. Entre muchos. Por mi proyecto, por mis resultados, por mi obstinación casi absurda en el laboratorio.

Y, sin embargo, mientras el taxi avanzaba hacia la estación, no podía evitar preguntarme si estaba preparada para dejar de ser “la hija de” y convertirme simplemente en Marieta.

Mi madre siempre me había enseñado a ser rigurosa, a no conformarme, a cuestionarlo todo. Pero también me había protegido de ciertas asperezas del mundo. Yo lo sabía. Y ahora iba directa hacia ellas.

No era miedo lo que sentía. Era vértigo.

Vértigo ante la posibilidad de demostrarme que podía estar a la altura.

Vértigo ante la posibilidad de no estarlo.

Apoyé la frente contra el cristal y observé cómo la ciudad se iba desdibujando. Barcelona ya no era solo el lugar donde había crecido. Era el punto desde el que me lanzaba.

No sabía exactamente qué me esperaba en ese laboratorio, ni qué tipo de decisiones tendría que tomar cuando la ciencia dejara de ser teoría y se mezclara con intereses, financiación y jerarquías invisibles.

Pero sí sabía algo:

No me iba para huir.

Me iba para construir.

Y por primera vez entendí que marcharse no siempre es abandonar.

A veces es la única forma de empezar.

Quien te lo cuenta

Queremos compartir inquietudes,
proyectos, pensamientos, noticias, alegrías
 
y penas… porque ademas de…, grandes profesionales del diseño y desarrollo web , el comercio electrónico y la experiencia de usuario…tenemos otras pasiones…

Los Capítulos:

Los Personajes:

Los Lugares:

La historia

EL MAS CURIOSO

Demuestra tu curiosidad, persigue a los personajes
y averigua cosas sobre ellos

Capítulos Leidos:

      No has leido ningún capítulo aún
Edit Template

Donde Pasa todo

Escritura & Diseño Web

© Creado por Mafersa Designs